¡Hola, hola! Espero que se encuentre muy bien, aquí vengo con un nuevo proyecto para el grupo "Adictos a la escritura". Este mes nos formarían en parejas y nos darían una imagen para inspirarnos. Cada uno escribía su relato, pero se inspiraba en lo mismo. A mi me encantan este tipo de ejercicios porque ayudan a ver la cantidad de sentimientos y emociones que nos generan las mismas cosas. Mi imagen me pareció preciosa y me inspiró desde el primer momento. Espero que el resultado les guste, también les dejo en este enlace el relato de mi "pareja": Plekito...Un poco diferente...¿Qué tanto les parece a ustedes?
EL ÁRBOL DE LA VIDA
Era una fría mañana de otoño, el suelo
estaba lleno de hojas que daban al suelo un hermoso color dorado. Emilio estaba
sentado debajo del árbol que él llamaba “De la vida”. Él descubrió ese árbol
hacía mucho tiempo, en su niñez y desde entonces se había convertido en su
amigo y compañero fiel.
Junto a él leyó los libros que cambiaron
su vida, allí, en esa misma banca se enamoró por primera vez, pero ese amor no
salió bien y le rompieron el corazón. Volvió a atreverse a amar entregó el
corazón y el anillo de compromiso. Junto a ese árbol una hermosa tarde su
esposa le dijo que sería papá. Unos meses después nació una hermosa niña a la
que bautizaría Sandra. Su madre la llevaría a recibir sol, por aquello de la
vitamina D. Ahí mismo, en esa banca la enseñarían a decir mam-má y meses
después la alentarían a dar sus primeros pasos.
Sandra crecería, convirtiendo ese mismo
árbol en su cómplice, sería testigo de sus primeras cartas de amor, de su
primer beso, de la primera vez que lloró porque le rompieron el corazón, y se
dedicó a entregárselo a los más necesitados. Por eso, 5 años antes, en esa
misma banca Sandra, con la cabeza recostada en el hombro de su padre, le había
dicho mientras le agarraba su mano:
─Me voy para Colombia.
En ese momento su padre se
giró para mirarla, abrió la boca para decirle, para recordarle que esa gente
pobre, que produce droga nunca saldrá adelante porque ellos mismo son sus peores
enemigos. Pero no pudo decir nada. Sandra, como presintiendo su respuesta, le
dijo sin mirarlo:
─Ya tengo la documentación
lista, papá. Ellos necesitan lo que nosotros podemos darle.
Emilio entendió que ningún argumento
sería válido y que por el contrario, ella le daría la vuelta para usarlo a su
favor, así que resignado le recordó:
─Salvar al mundo puede ser
agotador…
─Por eso sólo salvaré una
persona a la vez─. Dijo Sandra sonriendo y le dio un beso en la mejilla a su
padre.
Tres años después, Sandra
había vuelto y juntos, habían llorado la muerte de quien fuera una maravillosa
esposa y madre.
“La naturaleza necesita
equiparar las cosas, somos demasiadas personas y los recursos no alcanzan para
tanto” había dicho Emilio para consolarse, no entendía que un Dios pudiera
castigarlo permitiendo que dos seres que se amaban tanto se separaran tan
abruptamente. Hoy, dos años después, Emilio estaba sentado en la banca,
recordando lo mucho que Sandra disfrutaba del Otoño, decía que era una época
perfecta. No era alegre como el verano, o gris y fría como el invierno ni tenía
la tarea de estar en medio como la primavera. El otoño era una época perfecta,
uno podía sentir nostalgia, pero no se deprimía como en el invierno ni lo
abordaba un sentimiento de culpa por empañar la alegría del verano. Por eso
había escogido ese día para volver. Emilio miró el reloj: 4:45 seguro que el
avión en que venía Sandra estaba aterrizando.
***
Sandra estaba sentada en la cama de su padre, viendo por la ventana a lo
lejos el maravilloso árbol que había marcado sus vidas. Ahora estaba ahí sentada
con una simple nota en sus manos que decía:
Querida hija:
Quizás no sé si llegarás a
entenderme o perdonarme. Pero era necesario hacer esto. Hace dos meses los
médicos me dieron mi sentencia de muerte: tumor cerebral. Bueno, eso fue lo que
yo entendí. Me dijeron que me quedaba poco tiempo de vida y que quizás perdiera
la memoria, y otras funciones. Ese día entendí por qué querías salvar una
persona a la vez. Ahora, es mi momento de salvarte, de evitar que lo último que
recuerdes de mi sea un cuerpo enfermo incapaz de reconocerte.
Te amo y siempre te amaré.
***
Bajo la sombra de un árbol, un niño juega mientras su madre, sentada en una
banca, mira al horizonte, suspira y deja escapar una lágrima. El niño la mira y
le pregunta por qué llora. La madre, le dice que recordaba una historia que su
padre le había contado de pequeña. El niño, curioso le dice que quiere escuchar
la historia y ella empieza preguntándole: ¿quieres saber por qué este es el
árbol de la vida y quién le dio ese nombre?
