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28 de mayo de 2012

Proyecto adictos a la escritura:La doble Imagen


¡Hola, hola! Espero que se encuentre muy bien, aquí vengo con un nuevo proyecto para el grupo "Adictos a la escritura". Este mes nos formarían en parejas y nos darían una imagen para inspirarnos. Cada uno escribía su relato, pero se inspiraba en lo mismo. A mi me encantan este tipo de ejercicios porque ayudan a ver la cantidad de sentimientos y emociones que nos generan las mismas cosas. Mi imagen me pareció preciosa y me inspiró desde el primer momento. Espero que el resultado les guste, también les dejo en este enlace el relato de mi "pareja": Plekito...Un poco diferente...¿Qué tanto les parece a ustedes?


EL ÁRBOL DE LA VIDA
Era una fría mañana de otoño, el suelo estaba lleno de hojas que daban al suelo un hermoso color dorado. Emilio estaba sentado debajo del árbol que él llamaba “De la vida”. Él descubrió ese árbol hacía mucho tiempo, en su niñez y desde entonces se había convertido en su amigo y compañero fiel.
Junto a él leyó los libros que cambiaron su vida, allí, en esa misma banca se enamoró por primera vez, pero ese amor no salió bien y le rompieron el corazón. Volvió a atreverse a amar entregó el corazón y el anillo de compromiso. Junto a ese árbol una hermosa tarde su esposa le dijo que sería papá. Unos meses después nació una hermosa niña a la que bautizaría Sandra. Su madre la llevaría a recibir sol, por aquello de la vitamina D. Ahí mismo, en esa banca la enseñarían a decir mam-má y meses después la alentarían a dar sus primeros pasos.
Sandra crecería, convirtiendo ese mismo árbol en su cómplice, sería testigo de sus primeras cartas de amor, de su primer beso, de la primera vez que lloró porque le rompieron el corazón, y se dedicó a entregárselo a los más necesitados. Por eso, 5 años antes, en esa misma banca Sandra, con la cabeza recostada en el hombro de su padre, le había dicho mientras le agarraba su mano:
─Me voy para Colombia.
En ese momento su padre se giró para mirarla, abrió la boca para decirle, para recordarle que esa gente pobre, que produce droga nunca saldrá adelante porque ellos mismo son sus peores enemigos. Pero no pudo decir nada. Sandra, como presintiendo su respuesta, le dijo sin mirarlo:
─Ya tengo la documentación lista, papá. Ellos necesitan lo que nosotros podemos darle.
Emilio entendió que ningún argumento sería válido y que por el contrario, ella le daría la vuelta para usarlo a su favor, así que resignado le recordó:
─Salvar al mundo puede ser agotador…
─Por eso sólo salvaré una persona a la vez─. Dijo Sandra sonriendo y le dio un beso en la mejilla a su padre.
Tres años después, Sandra había vuelto y juntos, habían llorado la muerte de quien fuera una maravillosa esposa y madre.
“La naturaleza necesita equiparar las cosas, somos demasiadas personas y los recursos no alcanzan para tanto” había dicho Emilio para consolarse, no entendía que un Dios pudiera castigarlo permitiendo que dos seres que se amaban tanto se separaran tan abruptamente. Hoy, dos años después, Emilio estaba sentado en la banca, recordando lo mucho que Sandra disfrutaba del Otoño, decía que era una época perfecta. No era alegre como el verano, o gris y fría como el invierno ni tenía la tarea de estar en medio como la primavera. El otoño era una época perfecta, uno podía sentir nostalgia, pero no se deprimía como en el invierno ni lo abordaba un sentimiento de culpa por empañar la alegría del verano. Por eso había escogido ese día para volver. Emilio miró el reloj: 4:45 seguro que el avión en que venía Sandra estaba aterrizando.
***
Sandra estaba sentada en la cama de su padre, viendo por la ventana a lo lejos el maravilloso árbol que había marcado sus vidas. Ahora estaba ahí sentada con una simple nota en sus manos que decía:
Querida hija:
Quizás no sé si llegarás a entenderme o perdonarme. Pero era necesario hacer esto. Hace dos meses los médicos me dieron mi sentencia de muerte: tumor cerebral. Bueno, eso fue lo que yo entendí. Me dijeron que me quedaba poco tiempo de vida y que quizás perdiera la memoria, y otras funciones. Ese día entendí por qué querías salvar una persona a la vez. Ahora, es mi momento de salvarte, de evitar que lo último que recuerdes de mi sea un cuerpo enfermo incapaz de reconocerte.
Te amo y siempre te amaré.
***
Bajo la sombra de un árbol, un niño juega mientras su madre, sentada en una banca, mira al horizonte, suspira y deja escapar una lágrima. El niño la mira y le pregunta por qué llora. La madre, le dice que recordaba una historia que su padre le había contado de pequeña. El niño, curioso le dice que quiere escuchar la historia y ella empieza preguntándole: ¿quieres saber por qué este es el árbol de la vida y quién le dio ese nombre?

13 de abril de 2012

Proyecto Adictos a la escritura: Titanic

¡Hola! Espero que se encuentre muy bien... Regreso como cada mes con el proyecto del grupo Adictos a la Escritura. Para este mes, teniendo en cuenta que el 14 de abril se cumplen 100 años del fatídico choque del Titanic y siguiendo una idea propuesta en el grupo de Facebook: ¡Yo he venido aquí a hablar de mi libro!, la idea era hacer un relato que tuviera como tema central este barco. No se alcanzan a imaginar cuánto me costó escribirlo... Pero lo logré!!! Si hay algún error en los términos usados para la descripción del Monumento pido mil disculpas. Es que me inspiré en él porque no lo conocía, y como yo también gasté 5 años de mi vida estudiando una ingeniería que a día de hoy me ha dado más decepciones y frustraciones que alegría, no podía evitar recordar a estas personas. Espero que disfruten el relato.


Aprendiz



“No hay amor más grande que el de un hombre que da la vida por sus amigos. En memoria
 de los oficiales de ingeniería del R.M.S Titanic que demostraron su gran sentido de la responsabilidad
 y su heroísmo permaneciendo en sus puestos el día 15 de abril de 1912. Erigido por sus 
compañeros ingenieros y amigos el 22 de abril de 1914”.


“El 31 de marzo de 1909 se dio inicio a la construcción del barco llamado RMS Titanic y con ella, a una de las tragedias más grandes conocidas por la humanidad”, o al menos, eso pensaba Mary Ann el 22 de abril de 1914 en la inauguración del Monumento conmemorativo dedicado a los Ingenieros del Titanic en Southampton.
Mary Ann observaba fijamente la obra. En el centro se erigía una mujer de bronce con alas y los brazos abiertos, un poco más alta que el resto del monumento. Le hacía recordar la proa de los barcos “antiguos”, esos que fueron usados en las expediciones al Nuevo Mundo y que el Titanic junto con su hermano gemelo Olympic dejaron atrás hacía tanto tiempo. Detrás, un arco con cuatro divisiones. En dos de ellas, las que están debajo de cada una de las manos de la mujer, se ve a un hombre haciendo trabajos representativos de la labor de los ingenieros. Debajo de cada uno se lee un grupo de nombres de los ingenieros que viajaban a bordo. Esos que fueron avisados tarde de la tragedia y que permanecieron en sus puestos para que más pasajeros pudieran salir con vida. A los costados de cada imagen hay dos columnas que forman una especie de ventana, quizás representa la libertad de la que ahora disfruta el alma de su hijo.

Ver el nombre de su hijo le da un poco de nostalgia mezclada con rabia. Él era aprendiz de electricista, y se embarcó con la ilusión de obtener la experiencia y prestigio que le garantizarían una vida laboral y económica estable. Sería su plataforma de lanzamiento. Y vaya si lo fue…”Lo lanzó al mismo cielo”, sonreía Mary Ann esperando que el alma de su hijo reposara en paz.

“Ni el mismo Dios podría hundir el barco”, esa frase que pasó a la historia era la que su hijo repetía para tranquilizarla. Pero no lo lograba, recordaba que quince años antes, en 1898, el autor Morgan Robertson había publicado una obra titulada “Futility, or the Wreck of the Titan” que casualmente narra la historia de un barco “inhundible”, Titan, que una fría noche de abril choca contra algo parecido a un témpano de hielo, demostrando cuán errados estaban sus pasajeros en sus creencias. Mary Ann sentía por el mar una mezcla de respeto y temor. Le parecía un corcel indomable que quizás nunca debieron intentar navegar.

Los recuerdos eran dolorosos, pero Mary Ann no podía permitirse sufrir, sabía que su hijo no se lo habría perdonado, al contrario, la habría animado a sentirse orgullosa de la labor que había desempeñado su hijo, nadie lo recordaría como un simple aprendiz de electricista, a partir de hoy su nombre pasaba a la historia como un “héroe”.

26 de marzo de 2012

Proyecto Adictos a la escritura: Marzo

El proyecto del grupo Adictos a la Escritura para este mes era escribir un relato en el cual se incluyera una frase que nos fuera asignada. A mi me tocó: lo que muerto está, muerto debe quedarse. Es un poco sencillo, espero les agrade.

Úrsula y Luciana


Mi nombre es Luciana, soy la séptima generación de la era "Moderna" de una larga familia de brujas. Nos llaman así desde que una de mis abuelas se casó con un mago, a partir de ahí, ella mejoró los hechizos y las pociones, haciendo todo más sencillo. Hoy, 31 de Octubre, es mi 16 cumpleaños. Debería estar en mi casa, celebrando con mi familia y un que otro amigo, en cambio, estoy en el cementerio municipal parada frente a la tumba de mi hermana gemela. Su muerte fue algo estúpido. Nuestros poderes aún no se han terminado de desarrollar y somos presa fácil. Debí acompañarla, pero no lo hice y la dejé vulnerable a los ataques de los demonios. Dicen que la guerra que se viene es muy poderosa, que deberemos enfrentar a las brujas de magia negra, a los demonios y hasta humanos que han sido reclutados con mentiras.

La idea de la violencia no me llama la atención, pero si debo hacerlo, al menos espero tener a mi hermana al lado. Por eso estoy aquí, para revivir a mi hermana. Espero que de resultado.

***
Mientras Luciana tenía la mirada perdida en la el suelo, justo en el sitio donde había sido enterrada su hermana Úrsula, su madre la observaba, compartían la tristeza y el dolor, pero lo enfrentaban de forma diferente.
─Luciana, no puedes...No debes.─ Dijo la madre de Luciana intentando mantener la calma.
─Madre, ¿qué haces...?, ¿cómo supiste...?
─Hija, debes entender: lo que muerto está, muerto debe quedarse.
─¿Cómo me pides eso? Es mi hermana, no pienso vivir sin ella. 
─Pero tus poderes aún no se han desarrollado. Este encantamiento de resurrección puede fallar y Úrsula quedaría convertida en una marioneta. Sólo cumplirá órdenes, será una especie de zombie, ¿es eso lo que quieres? ¿Serías tan egoísta como para permitir eso?─ Inquirió su madre tratando de hacer tiempo. 
─Prefiero tener una hermana zombie a simplemente no tener hermana. Y ya no me distraigas más.

Luciana cerró los ojos y se concentró para realizar el encantamiento. Pero la interrumpió el sonido lejano de las campanas de la iglesia del pueblo que anunciaban las 12 de la noche. Luciana furiosa le gritó a su madre:
─¿Ves lo que has hecho? ¡Me hiciste perder mi oportunidad!
─Hay muchas cosas de las brujas que aún no sabes, hija.
─Es cierto, Luciana ─Dijo una voz familiar a su espalda.
Luciana se dio vuelta y ante sus ojos se presentaba su hermana, tan bella como la recordaba,  flotando en el aire, desprendido una luz blanca, un brillo especial. 
─¿Úrsula? ¿Cómo has regresado?
─Recuerda que somos las primeras gemelas en cien generaciones de brujas y las séptimas descendientes de la era "Contemporánea". Nada de eso es casual, nuestros poderes son diferentes y especiales. La abuela me lo ha dicho. Mi muerte era necesaria para que mis poderes se reforzaran con la inmortalidad.
─¿Por qué no lo dijiste antes? Y tú, ¿sabías de esto?─ Preguntó Luciana confundida, sorprendida, no podía entender bien lo que pasaba a su alrededor. Por un momento le pareció que se había quedado dormida y vivía el sueño más extraño de su vida.
─Yo...
─No digas nada, madre. Entiendo que el dolor la ciegue, pero ella lo entenderá. Luciana, ─dijo Úrsula dirigiéndose a su hermana─creo recordar que querías tenerme a tu lado para siempre. Ahora estoy aquí, ¿no crees que eso es más importante?
─Pero es que yo...─Luciana tenía tantos sentimientos encontrados que no sabía cómo terminar la frase.
─No digas más. Cuando te cuente todo lo que nuestros antepasados me dijeron, los secretos y trucos que nadie más sabe, seguro podrás perdonarme.
─Entonces, ¿sabes algo de la guerra?
─Sí, Luciana. Es algo terrible. Debemos estar preparadas.
─Está bien. Vamos a casa. ─Concluyó Luciana, derrotada. Pensó que si revivía a su hermana, todo volvería a ser como antes. Pero no fue así. Ya nada podría ser igual.

22 de febrero de 2012

Proyecto Adictos a la escritura: Especial San Valentín

¡Hola! Bueno, hoy toca publicar el proyecto de febrero de Adictos a la escritura. La idea era hacer nuestro propio Cupido y partir de ahí, hacer un relato. En fin, me costó mucho y al final, me salió un relato no muy creativo y divertido (me juzgo muy fuerte porque el del mes pasado me divirtió demasiado y me siento aún muy orgullosa de él). Pero al menos, lo usé para decir algo que realmente pienso...Espero que les guste:



Ya no lo soporto más. Debo contar la historia como realmente es. Los humanos deben enterarse de lo equivocados que han estado. Yo, Cupido no soy el tierno bebé con alas, arco y flechas que dibujan. Yo, soy un monstruo. Feo, de un azul horrible. Un poco sordo y bastante ciego. Supongo que lo han notado porque nunca les doy a quien quieren y sobre todo, siempre hago las parejas más absurdas del mundo. Pero hay algo mucho más importante que deben saber: El efecto de mi “veneno” no es eterno como les gusta hacer creer sólo para sufrir en mi nombre y cometer más estupideces de las normales. Yo juego con ustedes para divertirme y para que se diviertan, así que espero que les quede bien claro que cuando el “amor” deja de ser divertido, deja de ser tierno y puro como ese bebé con el que me simbolizan, entonces todo el efecto de mi juego ha pasado.
Ilustraré mis palabras con un ejemplo. La historia de Juan y María.
Un par muchachos universitarios. Él, estudiante de Ciencias políticas. Ella, estudiante de economía. El uno se imaginaba haciendo grandes cambios en el mundo, la otra dirigiendo las reuniones de Junta Directiva de una gran multinacional. Ese día, tenía ganas de jugar, quería ver qué tan cómico podía resultar la relación de ese par de “polos opuesto” o al menos, eso era lo que parecían. Así que aproveché el momento en que tropezaron en la cafetería, y sus miradas se cruzaron hice mi mejor esfuerzo, apunté y ¡zás! La flecha dio en el blanco perfectamente. Sus corazones habían quedado unidos.
Al principio todo era como me gusta que sea: tolerancia, curiosidad, paciencia, amor. Buscando cada uno la manera de coincidir con el otro. Cada vez eran situaciones más rebuscadas, hasta que se hizo evidente la atracción y Juan tomó la iniciativa de hablarle:
─¿Qué tal es la Cátedra del profesor Aristizabal?
María, sorprendida no solo porque el muchacho por fin le hablaba sino porque conocía su horario le dijo:
─Si no fuera porque es obligatoria para graduarme, no la vería. ¿Cómo sabes que voy a esa clase?
─´Tengo clase en el salón del lado con el Loco Zapata.
─ ¡Oh! Cierto. Nos hemos cruzado en alguna ocasión.
Disimulando lo mucho que la alegraba saber que no estaba paranoica ni el chico era un acosador.
Decidieron sentarse juntos a almorzar. Hablaron de todo. Y les pareció muy divertido compartir con alguien tan diferente a ellos mismos. María no iba nunca a Teatro, pero Juan la invitó a ver una obra, ella aceptó y hasta se divirtió, vio algo que nunca antes había visto. María quiso pagar el favor a Juan invitándolo a cine. Aunque por principios, no le parecía del todo correcto. Después de varias salidas, pudieron cada uno entrar en el mundo del otro y se dieron cuenta cuán diferentes eran.
Llegados a este punto solo quedaban dos caminos, ser conscientes que cada uno debía renunciar a un poquito de su propio mundo para poder encajar en el del otro, o simplemente andar por caminos diferentes. Luego de mucho meditar y discutirlo, decidieron darse una oportunidad.
A todos nos gustaría creer que ellos tuvieron la paciencia y fortaleza para entenderse, pero seamos realistas: eso no pasa en la vida real. Los humanos son egoístas. Cada uno en el fondo guardaba la esperanza de que el otro cambiara y se transformara en lo que esperaba que fuera. En este punto yo ya no jugaba, no me parecía divertido porque ninguno de los dos era feliz de corazón, sólo aparentaban estar bien. Y es cierto que se enamoraron, pero no de la persona que tenían al lado, sino de aquello en lo que se imaginaron que esa persona se convertiría con su ayuda.
Pero el cambio nunca llegó y a la hora de tomar sus vidas profesionales, María llegó se instaló en una gran multinacional y Juan, al otro lado, en una ONG que luchaba contra las políticas explotadoras de empresas como aquella que María representaba.
Vinieron los gritos, las discusiones y los ataques… Así terminaron cada uno en el hospital. Entre tanto grito se habían atacado y ahora, ambos estaban agonizantes. No había nada que yo pudiera hacer. Sólo esperar a que despertaran y esperar una oportunidad para lanzarles otra flecha que los separara y pusiera fin a esa vida tan absurda que algún día decidieron iniciar en mi nombre.
Pero no fue así… No despertaron jamás. Todos empezaron a decir que era culpa del amor que los había cegado y enloquecido. Eso es falso. Yo soy feo, pero sé que los humanos me representan con un bebé porque es la máxima expresión de lo que es el amor: ternura, comprensión, diversión y pureza. Cuando alguna de estas falta, ya no hay amor, ya no soy yo. Así que por favor, ya no me culpen de sus tonterías. Los locos son ustedes por convencerse de algo que jamás podrá ser real.

26 de enero de 2012

Yo, Libro

Como parte del ejercicio de este mes en el grupo Adictos a la escritura, debíamos hacer un relato en el cual se expresaran la sensaciones de un protagonista poco común. Yo, elegí un libro...Podría decir mil razones pero va una sencilla: Porque fue el que me inspiró. Espero que lo disfruten.



Yo, Libro

Hola. Yo me llamo…Bueno, en realidad, soy un libro. Para algunos, sólo un cúmulo de hojas pegadas. Un conjunto de letras sin sentido. Y eso me duele. No por mí, sino por ellos, que se pierden de todo el mundo que hay guardado en mi interior. De todas las personas que vienen y van. Sufren y ríen, porque en el fondo, los seres humanos son iguales.
Ahora reposo tranquilo en el estante de una biblioteca pública. He pasado por manos de muchas personas. Algunas, llegan hasta aquí, me toman suavemente, como si me arrullaran, van pasando mis páginas una a una, leyendo fragmentos, señalando con sus dedos mientras siento cosquilleos, con ganas de retorcerme de felicidad por sentirme valorado. Pero me quedo quietito y contemplo con cuánto interés buscan en mi interior. Algunos otros me toman y pasan rápidamente y con brusquedad mis hojas, me duele un poco, pero entiendo que ahora todos viven en un mundo acelerado.
En ocasiones, no logro interesarlos, así que simplemente me dejan nuevamente en mi lugar. Otros, me agarran con fuerza y van a hacer la fila para llevarme con ellos. De esta manera, he conocido muchos sitios, he visto muchos paisajes. He viajado en carro, en metro, en bus, hasta en avión. He visto los paisajes desde lo alto de las montañas. He sentido el calorcito de estar en bolso protector. El frío de andar bajo la lluvia. En mis páginas está la historia que cuento, pero hay muchas otras que he visto, que nadie cuenta, que quizás nadie contará. Muchas sonrisas hermosas, de esas que iluminan la ciudad, pero que solo yo puedo disfrutar. Más de una vez me han mojado, me han humedecido lágrimas de aquellos que se identifican con mis historias, que se dejan tocar en lo más profundo por los sentimientos que nunca sabremos quién vivió en realidad.
A veces, dicen que soy obsoleto, que soy viejo, que estoy maltrecho, pero, ¿acaso no lo estamos todos? Vivir deja huellas, manchas, cortes. Pero nos hace únicos, nos hace diferentes. Sé que aún hay quien disfruta con tocarme, con olerme y saber que no solo soy la historia que vive en mi interior sino todas las historias que he visto, que he sentido y que espero seguir sintiendo.
Querido lector, ¿puedo pedirte un favor? La próxima vez que veas un libro no lo veas solo como hojas sueltas o palabras que alguien simplemente decidió juntar. Míralo como un maravilloso mundo que tiene mucho para enseñarte, en el que puedes descubrir muchas cosas. Hemos sido nosotros los que hemos inspirado a la tele, al cine, a los videojuegos y no a la inversa. Tócame, huéleme, léeme, busca información, pregunta, contradíceme, pero ante todo: Dame una oportunidad. El riesgo, es que lo quieras repetir.

23 de diciembre de 2011

Ejercicio adictos a la escritura: Diciembre

Bueno, la verdad, tengo una idea dándome vueltas, espero que esta historia les guste:

Las navidades de la familia Hinojosa nunca fueron muy "alegres", al final, la madre que parecía tener tendencia a la depresión, siempre encontraba una razón para llorar o ponerse y triste y se contagiaba al resto de la familia. No eran muchos, para ser honestos: Solo un padre cuya único papel había sido "engendrar" los hijos, y poner su cara como "hombre de la casa" en uno que otro pleito. Los dos hijos, un niño y una niña: Mario Andrés y Mayra Alejandra. Ambos, criados en un ambiente que sabía amargo, lleno de carencias económicas y con un exceso de afecto de parte de la madre, tenían, a su modo, sus propios complejos, sus propios para entrar en depresión cuando todos debían estar felices.
Pero la vida cambia y el cuadro familiar se transformó. Con el tiempo, el padre no pudo soportar más la farsa y se marchó, con algo de dinero en el bolsillo y una joven dispuesta a "todo" muy bien amarrada al brazo. Mayra y Mario al terminar sus estudios de escuela secundaria, se fueron a vivir a otra ciudad, dejando a la madre sola en su ciudad natal. En esa casa gigante, llena de cuartos, de recuerdos, pero sobre todo, de fantasmas. De esos fantasmas que tantas veces arruinaron los momentos especiales y que ahora, ya estaban desocupados, no quedaban momentos especiales para arruinar.
Era el 5o. año que la familia pasaba "separada" la navidad. Mayra trabajaba en una empresa haciendo lo que más le gustaba: Coordinando actividades de beneficencia y ayuda para las personas menos favorecidas. Mario, más centrado y aplomado, era desarrollador de software en una empresa naciente. Pero esta navidad no sería como las otras, el destino le iba  dar Mayra lo único que no esperaba recibir, lo único que su madre realmente apreciaría, y lo único que su hermano, jamás le echaría en cara.
-Aqui tengo los resultados, señorita.
-Dígame doctor, ¿es positivo?
-Así es, ¿cuál es su decisión?
Mayra sólo pude correr al teléfono y llamar a su madre:
-¿Aló?
-¿Mamá?
-Hija bella, ¿Cómo estás?
-Bien.
-¿Qué te pasa, hija?
-Mami, este...¿Te acuerdas que hemos hablado varias veces de ...?. Quiero decir, ¿te acuerdas que estaba saliendo con alguien y...?
-Hija, ¿me estás queriendo decir que estás embarazada?
-Sí- balbuceó, Mayra.
Luego de un incómodo silencio, cuando Mayra pensó que su madre había sufrido un infarto esta tomó la iniciativa y le dijo:
-Hija, ¿el padre piensa responder?
-Mami, yo no le pienso decir.
-Está bien, ¿te parece si vienes a pasar la Navidad a casa?
Mayra regresó lo más rápido que pudo a su oficina, y le solicitó las vacaciones que tanto tiempo había estado aplazando a su jefe. Fue a su casa, a preparar la maleta y consultar los tiquetes disponibles, cuando Mario le preguntó lo que pasaba, no pudo confesarle. Sólo le dijo que iría a pasar Navidad con su madre. Mario no se resistió y gestionó todo lo necesario en su empresa para ir él también.
Esa fue la mejor Navidad, Doña Marianela no vio a ninguno de sus fantasmas y sólo pudo sentarse al lado del pesebre a darle gracias a Dios por ese ángel que les había enviado, les contó a sus hijos cómo durante el último año había organizado todos sus negocios y estaba dispuesta a trasladarse con ellos a la ciudad para empezar una nueva vida. Mario, que había estado pidiéndole eso a su madre, le preguntó qué la había obligado a decidirse y su madre solo pudo mirar a Mayra que con más miedo que orgullo respondió: Estoy embarazada.
Mario estaba confundido, no sabía si sentirse preocupado por la situación de madre soltera que enfrentaría su hermana, o celebrar que su madre se mudaría con él. Era una mezcla extraña, pero al final, decidió que tener a su madre cerca y un bebé que le alegra el día con sus travesuras, no sería malo.
Así que ese día, en esa mesa de navidad, la cena antes había disfrutada por uno, la vivieron cuatro seres llenos de felicidad, de vida. 
Porque los fantasmas solo están con nosotros si se lo permitimos, cuando hay razones de peso, de fondo, para ser felices, ningún fantasma puede dañarnos la solo alegría de tener una excusa para compartir en familia: Navidad.

22 de noviembre de 2011

El Diario de Emma Buffei (Amor I)

Ya hemos dicho que Emma tiene un cúmulo de complejos y miedos que muchas veces la paralizan y le evitan vivir las cosas que cualquier persona "normal" viviría... Pero cierto, Emma no es "normal"...Al menos, no en la forma en la que la gente lo piensa... Por ejemplo, cualquier joven normal quiere aprender a conducir y de hecho tener su propio auto (No, no es una indirecta para ti, S). Pero Emma no... Lo más cerca que ha estado de conducir fue aquella vez que solo por pasar más tiempo con un amigo, sugirió que le enseñara a manejar moto. Todo iba bien, hasta que llegaron a un resalto y ella se asustó, pero el profesor dijo: Tranquila, ya pasamos, mira que aqui viene otro. Hasta ahí, todo es "normal". Pero Emma lo cambió cuando espontáneamente dijo: Espera abro los ojos y me explicas lo otro que tengo que hacer o.O... Por Dios Emma!!! Eres tú la que va manejando... Si, pero me dio miedo. 

Pero si había algo que realmente disfrutaba eran los viajes en metro, o en bus, o en cualquier tipo de transporte público, o incluso, las caminatas. Esos tiempos eran maravillosos para ella. Lo mejor de todo era ver gente en la calle, escuchar un pedazo de conversación por aqui y completarlo con el gesto de alguien por allá, o con un trozo de canción de acuyá... Así que ese día, como siempre que estaba "estresada" o deprimida y que simplemente sentía que no podía más consigo misma, decidió salir a dar una caminata... Lo único que empacó en su bolsillo fue un reproductor de música, porque eso siempre le alegraba el alma: la música, el saber que alguien había encontrado la forma correcta de combinar las palabras que ella no sabía cómo organizar para decir lo que sentía sin sonar torpe. Así que iba caminando, mirando un rato las nubes, por otro rato a las personas que salían a trotar, o pasear las mascotas, uno que otro pasaba afanado, quizás corriendo a cumplir algún compromiso laboral, una que otra pareja en sus primeros días de amores, y uno que otro personaje que es mejor no recordar. Pero de pronto, escuchó unos versos que llamaron su atención:
"Me pudo el miedo y no me supe defender
puedes llamarlo cobardía o simplemente poca fe
se volvió a pasar mi turno y no sé si fue esta vez
por pasarme de la raya
o por no saber beber
y no me dejaste otra opción
que arrancarme la piel y aguantar el dolor
y no escuché al corazón
si borre de mi memoria el recuerdo de tu voz
me marché sin hacer ruido para no decirte adiós."
Eso era algo que a Emma le pasaba muy seguido... Se le pasaba el turno... El turno de ser feliz, el de enamorarse, el de vivir... Siempre era igual...El miedo se apoderaba de ella... Y en su caso, era tanto la cobardía como la falta de fe.. La falta de fe en el otro y más aún, en ella misma, la cobardía que la hacía pensar que se podía equivocar pero que le hacía temer más aún, acertar.. Así que Emma recordó cuántas veces le propusieron matrimonio y simplemente salió corriendo... Muchas veces recordaba a esas personas y sentía algo de nostalgia pues, se imaginaba, en su mundo perfecto que la gente que se casaba, era feliz, porque lo había pensado bien, pero era falso... Y recordó cómo unos años después, retomó la comunicación con ellos y cada uno contó como su matrimonio se convirtió en un desfile de decepciones hasta llegar a un irrevocable y doloroso divorcio. 
El punto es que Emma tuvo su "corazón en una caja" tal como le pasó a los médicos del Seattle Grace (Grey's Anatomy) y en ese momento se dio cuenta que esa cobardía, ese "marcharse sin hacer ruido para no decir adiós", probablemente la había salvado de unas experiencias muy negativas. En todo caso, aunque vale la pena ser cautelosa, a partir de ese día, Emma se propuso no serlo tanto... Porque la vida, al igual que el carnaval:"Quien la vive, es quien la goza"

Esta entrada ha sido creada como parte del proyecto de noviembre del grupo "Adictos a la Escritura" y el fragmento, es de una canción del grupo "La quinta estación" titulada "Para no decirte adios"