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22 de noviembre de 2011

El Diario de Emma Buffei (Amor I)

Ya hemos dicho que Emma tiene un cúmulo de complejos y miedos que muchas veces la paralizan y le evitan vivir las cosas que cualquier persona "normal" viviría... Pero cierto, Emma no es "normal"...Al menos, no en la forma en la que la gente lo piensa... Por ejemplo, cualquier joven normal quiere aprender a conducir y de hecho tener su propio auto (No, no es una indirecta para ti, S). Pero Emma no... Lo más cerca que ha estado de conducir fue aquella vez que solo por pasar más tiempo con un amigo, sugirió que le enseñara a manejar moto. Todo iba bien, hasta que llegaron a un resalto y ella se asustó, pero el profesor dijo: Tranquila, ya pasamos, mira que aqui viene otro. Hasta ahí, todo es "normal". Pero Emma lo cambió cuando espontáneamente dijo: Espera abro los ojos y me explicas lo otro que tengo que hacer o.O... Por Dios Emma!!! Eres tú la que va manejando... Si, pero me dio miedo. 

Pero si había algo que realmente disfrutaba eran los viajes en metro, o en bus, o en cualquier tipo de transporte público, o incluso, las caminatas. Esos tiempos eran maravillosos para ella. Lo mejor de todo era ver gente en la calle, escuchar un pedazo de conversación por aqui y completarlo con el gesto de alguien por allá, o con un trozo de canción de acuyá... Así que ese día, como siempre que estaba "estresada" o deprimida y que simplemente sentía que no podía más consigo misma, decidió salir a dar una caminata... Lo único que empacó en su bolsillo fue un reproductor de música, porque eso siempre le alegraba el alma: la música, el saber que alguien había encontrado la forma correcta de combinar las palabras que ella no sabía cómo organizar para decir lo que sentía sin sonar torpe. Así que iba caminando, mirando un rato las nubes, por otro rato a las personas que salían a trotar, o pasear las mascotas, uno que otro pasaba afanado, quizás corriendo a cumplir algún compromiso laboral, una que otra pareja en sus primeros días de amores, y uno que otro personaje que es mejor no recordar. Pero de pronto, escuchó unos versos que llamaron su atención:
"Me pudo el miedo y no me supe defender
puedes llamarlo cobardía o simplemente poca fe
se volvió a pasar mi turno y no sé si fue esta vez
por pasarme de la raya
o por no saber beber
y no me dejaste otra opción
que arrancarme la piel y aguantar el dolor
y no escuché al corazón
si borre de mi memoria el recuerdo de tu voz
me marché sin hacer ruido para no decirte adiós."
Eso era algo que a Emma le pasaba muy seguido... Se le pasaba el turno... El turno de ser feliz, el de enamorarse, el de vivir... Siempre era igual...El miedo se apoderaba de ella... Y en su caso, era tanto la cobardía como la falta de fe.. La falta de fe en el otro y más aún, en ella misma, la cobardía que la hacía pensar que se podía equivocar pero que le hacía temer más aún, acertar.. Así que Emma recordó cuántas veces le propusieron matrimonio y simplemente salió corriendo... Muchas veces recordaba a esas personas y sentía algo de nostalgia pues, se imaginaba, en su mundo perfecto que la gente que se casaba, era feliz, porque lo había pensado bien, pero era falso... Y recordó cómo unos años después, retomó la comunicación con ellos y cada uno contó como su matrimonio se convirtió en un desfile de decepciones hasta llegar a un irrevocable y doloroso divorcio. 
El punto es que Emma tuvo su "corazón en una caja" tal como le pasó a los médicos del Seattle Grace (Grey's Anatomy) y en ese momento se dio cuenta que esa cobardía, ese "marcharse sin hacer ruido para no decir adiós", probablemente la había salvado de unas experiencias muy negativas. En todo caso, aunque vale la pena ser cautelosa, a partir de ese día, Emma se propuso no serlo tanto... Porque la vida, al igual que el carnaval:"Quien la vive, es quien la goza"

Esta entrada ha sido creada como parte del proyecto de noviembre del grupo "Adictos a la Escritura" y el fragmento, es de una canción del grupo "La quinta estación" titulada "Para no decirte adios"