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13 de abril de 2012

Proyecto Adictos a la escritura: Titanic

¡Hola! Espero que se encuentre muy bien... Regreso como cada mes con el proyecto del grupo Adictos a la Escritura. Para este mes, teniendo en cuenta que el 14 de abril se cumplen 100 años del fatídico choque del Titanic y siguiendo una idea propuesta en el grupo de Facebook: ¡Yo he venido aquí a hablar de mi libro!, la idea era hacer un relato que tuviera como tema central este barco. No se alcanzan a imaginar cuánto me costó escribirlo... Pero lo logré!!! Si hay algún error en los términos usados para la descripción del Monumento pido mil disculpas. Es que me inspiré en él porque no lo conocía, y como yo también gasté 5 años de mi vida estudiando una ingeniería que a día de hoy me ha dado más decepciones y frustraciones que alegría, no podía evitar recordar a estas personas. Espero que disfruten el relato.


Aprendiz



“No hay amor más grande que el de un hombre que da la vida por sus amigos. En memoria
 de los oficiales de ingeniería del R.M.S Titanic que demostraron su gran sentido de la responsabilidad
 y su heroísmo permaneciendo en sus puestos el día 15 de abril de 1912. Erigido por sus 
compañeros ingenieros y amigos el 22 de abril de 1914”.


“El 31 de marzo de 1909 se dio inicio a la construcción del barco llamado RMS Titanic y con ella, a una de las tragedias más grandes conocidas por la humanidad”, o al menos, eso pensaba Mary Ann el 22 de abril de 1914 en la inauguración del Monumento conmemorativo dedicado a los Ingenieros del Titanic en Southampton.
Mary Ann observaba fijamente la obra. En el centro se erigía una mujer de bronce con alas y los brazos abiertos, un poco más alta que el resto del monumento. Le hacía recordar la proa de los barcos “antiguos”, esos que fueron usados en las expediciones al Nuevo Mundo y que el Titanic junto con su hermano gemelo Olympic dejaron atrás hacía tanto tiempo. Detrás, un arco con cuatro divisiones. En dos de ellas, las que están debajo de cada una de las manos de la mujer, se ve a un hombre haciendo trabajos representativos de la labor de los ingenieros. Debajo de cada uno se lee un grupo de nombres de los ingenieros que viajaban a bordo. Esos que fueron avisados tarde de la tragedia y que permanecieron en sus puestos para que más pasajeros pudieran salir con vida. A los costados de cada imagen hay dos columnas que forman una especie de ventana, quizás representa la libertad de la que ahora disfruta el alma de su hijo.

Ver el nombre de su hijo le da un poco de nostalgia mezclada con rabia. Él era aprendiz de electricista, y se embarcó con la ilusión de obtener la experiencia y prestigio que le garantizarían una vida laboral y económica estable. Sería su plataforma de lanzamiento. Y vaya si lo fue…”Lo lanzó al mismo cielo”, sonreía Mary Ann esperando que el alma de su hijo reposara en paz.

“Ni el mismo Dios podría hundir el barco”, esa frase que pasó a la historia era la que su hijo repetía para tranquilizarla. Pero no lo lograba, recordaba que quince años antes, en 1898, el autor Morgan Robertson había publicado una obra titulada “Futility, or the Wreck of the Titan” que casualmente narra la historia de un barco “inhundible”, Titan, que una fría noche de abril choca contra algo parecido a un témpano de hielo, demostrando cuán errados estaban sus pasajeros en sus creencias. Mary Ann sentía por el mar una mezcla de respeto y temor. Le parecía un corcel indomable que quizás nunca debieron intentar navegar.

Los recuerdos eran dolorosos, pero Mary Ann no podía permitirse sufrir, sabía que su hijo no se lo habría perdonado, al contrario, la habría animado a sentirse orgullosa de la labor que había desempeñado su hijo, nadie lo recordaría como un simple aprendiz de electricista, a partir de hoy su nombre pasaba a la historia como un “héroe”.