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17 de febrero de 2011

Mataría por ese premio...


Hay un comercial del programa “Los Simpsons” en el cual Lisa, Bart y otros niños están viendo la ceremonia de entrega de los Premio Nobel. Lisa dice: “Silencio. Van a entregar el premio más pobre de todos: el de la paz”. En ese instante, Homero se sienta en el sofá y dice: “Mataría por ese premio”. Yo, en mi ignorancia y poco manejo que tengo de la ironía, asumo que ese comentario hace referencia al controversial ganador de la última versión de la entrega: Barack Obama, el primer presidente de los Estados Unidos que es “negro”.

Nunca me he caracterizado por un sentir un gran interés frente a temas de historia o hechos históricos y sociales (para la muestra un botón, esta nota trata de algo que pasó hace mucho). En fin, no me considero fanática de Los Simpsons, pero tampoco soy su opositora, pero en este caso, la imagen me parece injusta. Y la razón es muy sencilla: el Premio Nobel no fue entregado a Barack Obama por haber prometido retirar las tropas de Irak e incumplirlo al llegar al poder redoblando el pié de fuerza allá presente. Yo, creo que la cosa va más allá de lo que podemos ver. Y me gusta pensar que el premio fue entregado a toda la raza negra representados en este momento por la figura más representativa: Barack Obama.

Voy a fundamentar mi teoría: En el 2.010, la mayoría de los países latinoamericanos celebró el bicentenario de los gritos de independencia, de libertad no solo para los indígenas y mestizos, nacidos de violaciones y ultrajes, sino también para los esclavos, que eran tratados peor que animales.

En el mundo paralelo, en el que yo decido quién gana el premio Nobel de la Paz, Barack Obama se lo lleva como un reconocimiento a naciones tales como Haití, que logró ser la primera en librarse del yugo español gracias a la decisión de sus esclavos (negros). Ese premio es un reconocimiento para personajes como Malcom X, como Oprah, la primera mujer negra en tener su propio programa de tv, a Morgan Freedma, el primer afro descendiente en representar a Dios.

Para mí, este galardón es una forma de reconocer el poder que han logrado los afro descendientes que hasta hace unos años eran perseguidos y cazados como animales, por el legendario Ku Kux Klan, hecho que ha inspirado películas como “American History X”, o “Tiempo de matar”. Tanto es el poder que uno de sus descendientes, hoy lleva las riendas del país más “poderoso” del mundo, e indirectamente, las de sus aliados, opositores… En fin…

En mi “Isla Bajo el mar” no sólo soy capaz de comprender y justificar que Obama haya sido el ganador, sino que lo aplaudo.
En todo caso, lo importante es que no ganara Ingrid Betancur… Pero eso es argumento para otra nota…

19 de mayo de 2008

La tristeza y la furia (Jorge Bucay)


En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...

En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas.

Había una vez... un estanque maravilloso.

Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.

Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.

La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua...

Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...

Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...

Y así vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.

En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.

Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza.

13 de diciembre de 2007

QUIERO (Jorge Bucay)

Quiero que me oigas, sin juzgarme.
Quiero que opines, sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mi, sin exigirme.
Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi.
Quiero que me cuides, sin anularme.
Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mi.
Quiero que me abraces, sin asfixiarme.
Quiero que me animes, sin empujarme.
Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mi.
Quiero que me protejas, sin mentiras.
Quiero que te acerques, sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten,que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas, que hoy,hoy podés contar conmigo sin condiciones.