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23 de junio de 2011

Nadie se va a reir (El libro de los amores ridículos)


"El libro de los amores ridículos", es un libro del autor Milán Kundera. Es una serie de relatos... Pensaba comentar todo el libro, pero por cuestiones de tiempo ni siquiera sé si pueda terminarlo así que mejor iré comentando relato por relato. El primero de esos relatos se llama "Nadie se va a reir". El problema es que la historia SI da risa, pero si a mi me pasara, seguro que tampoco me reiría.


Empieza cuando el protagonista (cuyo nombre nunca se dice), recibe una carta y una botella de vino que se toma con su enamorada, luego, lee la carta y se ríe de lo que ahí dice. Entonces aparece esta frase: "Aquella noche pensé que estaba brindando por mis éxitos, sin tener la menor sospecha de que estaba celebrando la inauguración de mis fracasos." Y ahí empieza a desencadenarse una serie de hechos que por absurdos parecen increíbles, pero que tienen una lógica... Rebuscada, pero lógica. La botella y la carta provenían de un tal Zaturecky, quien le solicitaba que opinara sobre un artículo que había elaborado y le indicaba que para publicarlo, la revista lo único que había solicitado era la aprobación del profesor. Él, que ha leído el trabajo y se ha dado cuenta que es pésimo, no está dispuesto a escribir la recomendación solicitada. El problema es que el profesor tampoco sabe cómo decir que no... Y el señor, que tiene una alta necesidad del artículo, no va a dejar el tema a mitad de camino, más aún cuando no se le ha dado un "no" explícito por parte del profesor.

Zarutecky lo acosa tanto que al profesor le tocó inventar que se había ido de viaje, en complot con su secretaria, la señora Marie, dejan publicado un horario en el que se indica que las clases son martes y miércoles, aunque en realidad sus alumnos y él saben que las da jueves y viernes. Claro, el señor Zaratecky no lo encontraba, así que decidió maltratar a la señora Marie y sacarle la dirección de su casa... Y fue hasta allá, donde estaba Klara, desnuda, cubierta solo por un impermeable, ella se puso nerviosa y le contó el incidente al profesor. Así que cuando Zarutecky fue nuevamente, él le dijo que ella le había contado cómo intentó seducirla... El profesor pensó que con eso se libraría del engorroso señor, pero todo se puso peor... 

Se inició una búsqueda por encontrar a Klara en donde fuera, pero "Esta parte de la historia podría servir de parábola sobre la fuerza de la belleza. El señor Zaturecky, cuando vio por primera vez a Klara en mi casa, se quedó tan deslumbrado que en realidad no la vio. La belleza formó ante ella una especie de cortina impenetrable. Una cortina de luz tras la cual estaba escon­dida como si fuera un velo.", Tal como narra el propio autor. Se hace una reunión del comité de vecinos en contra del profesor porque él no podía tener a una persona viviendo ahí, en la Universidad se reunen para presentarle cargos porque ni siquiera se presenta a dar clases, en fin... Todo es un caos, y no importa cuánto explique el asunto... Se vuelve cada vez más ridículo y nadie le cree... Así que al final, concluye "De pronto comprendí que no fue más que una ilusión haber pensado que cabalgamos nosotros mismos en nuestras propias historias y que dirigimos su marcha; que en realidad es posible que no sean, en absoluto, nuestras historias, que es más probable que nos sean adjudicadas desde fuera; que no nos caracterizan; que no podemos responder de su extrañísima trayectoria; que nos raptan, dirigidas desde otra parte por fuerzas extrañas.". 
La que orquesta todo el "acoso" del profesor es la esposa del señora Zarutecky, así que ella misma decide enfrentarlo y preguntarle por qué no hace el artículo para que su marido por fin vea los frutos de tanto trabajo. Cuando él le da los argumentos y le indica que es un trabajo mediocre, copiado de otros autores, surge este importante párrafo: "Se puso su abrigo militar y yo comprendí que aquella mujer era un soldado, un triste soldado fatigado por largas marchas, un soldado incapaz de comprender el sentido de las órdenes recibidas, pero dispuesto siempre a cumplirlas sin protestar, un soldado que ahora se aleja derrotado, pero sin mácula.". Más allá de si mismo, tiene una gran realidad, y crítica a nuestras Fuerzas Militares, y pese a mi admiración por ellas, no podría estar mas de acuerdo con el señor Kundera.

Al final, el profesor intenta buscar a Klara y recuperarla, pero al parecer todo está perdido. Así que el profesor nos cuenta cómo: "Pasó un rato antes de que cayera en la cuenta de que (a pesar del gélido silencio que me rodeaba) mi historia no pertenecía a la categoría de las historias trágicas, sino más bien a la de las cómicas. Eso me proporcionó cierto consuelo". Y es cierto, nuestra vida es una completa locura y todo nos parece una tragedia épica, hasta que lo miramos y nos damos cuenta que en realidad es como una caricatura, eso no consuela del todo, pero sabemos que a otros les ha podido ir peor...

Creo que lo más importante que deja esta historia es el párrafo que dice: "El hombre atraviesa el presente con los ojos vendados. Sólo puede intuir y adivinar lo que de verdad está viviendo. Y después, cuando le quitan la venda de los ojos, puede mirar al pasado y comprobar qué es lo que ha vivido y cuál era su sentido."

Una historia buena, que deja mucho para pensar... Y que seguro, en otros aspectos y quizás de una forma menos grave, a todos nos ha pasado.