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20 de febrero de 2012

Relato San Valentín

¡Hola! Hace unos días los invité a participar de una actividad organizada por Nesbell Lane: Relato San Valentin. Me tocó el ... Mmmm...primer turno (¡qué susto!) y aquí les traigo el resultado, que está inspirado en los personajes: Nadia Santos y Alexander Cold, protagonistas de la trilogía: Memorias del águila y el jaguar de Isabel Allende. La imagen ha sido cortesía de Nessa, quien amablemente me ha permitido usarlas:

Max y Carmen aún recordaban cómo se conocieron. Había sido unos años atrás cuando ambos eran un par de niños. En ese momento la idea del amor o el matrimonio era algo realmente lejano. A decir verdad, Max no pensaba en nada que no fuera ir a la escuela y tocar la flauta. Y Carmen que había vivido en la Selva Amazónica del Brasil, gastaba su tiempo aprendiendo el lenguaje de los animales o las tribus indígenas de la región. Pero su destino no era ese. Así que la abuela de Max, la loca abuela Catalina decidió llevarlo a una de sus excursiones.
Catalina era una mujer de 66 años que trabajaba para una de esas revistas que hacen reportajes de la naturaleza. Casi siempre ella hacía los viajes que todos rechazaban por miedo o prudencia. Ninguna de las dos palabras era conocida para la mujer. Ese año debía cuidar a su nieto, así que decidió llevarlo en el viaje a la selva amazónica. Lo que ninguno de los dos sospechaba era que su vida cambiaría por completo.
Max conoció a Carmen y su monito Dante. Se hicieron amigos de inmediato e iniciaron un largo camino de aventuras. Pero aquella noche en la espesura de la selva africana, en medio de la nada, una simple frase volcaría por completo el sentido de su relación. Para olvidar lo ridícula de su situación (fuera de ahí nadie les habría creído lo que vivían), Max hablaba de su futuro como médico y decía que le gustaría seguir recorriendo el mundo. Carmen, recostada en su pecho, lo escuchaba tranquilamente. Cuando él le preguntó si ella podría acompañarlo, Carmen respondió con esa espontaneidad que la caracterizaba:
─Claro, Max. Cuando nos casemos podremos recorrer el mundo juntos.
Casarse. Esa simple palabra, esa idea tan natural, después de todo lo que habían vivido, nunca había pasado por la cabeza de Max y se sintió un poco aturdido y tonto por no haberlo considerado antes. Desde ese momento el tema no se volvió a mencionar, pero sabían que estaba latente.
Ahora, 10 años después, Max ya era todo un doctor, y Carmen terminaba sus estudios de idiomas. Era el momento de la verdad. Había llegado la hora de enfrentar el maravilloso y temida tema que dejaran pausado en la selva africana. Pero primero debía resolver un asunto: ¿Cómo abordaría el tema?, ¿qué le diría?

Si quieren seguir leyendo, la segunda parte escrita por Patricia O., está acá 

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