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19 de agosto de 2007

Ahora soy detective

Ayer recibí una carta... Era de una Agencia de detectives y me informaban que habían visto mi curículum, que les pareció que yo era la persona adecuada para realizar esa invetigación. Nunca me dieron detalles, me citaron a una entrevista en la cual me los darían a conocer todos (sueldo, horarios, de todo)... Como era de esperarse me puse mi mejor vestido, dejé relucientes lo zapaticos humiles que siempre me pongo porque la economía aún me ha dejoado comprar nuevos, puse a prueba toda mi recursividad al maquillarme y peinarme y lo logré... Me camuflé bastante bien (Tradúzcase: Cumplía con todos los parámetros establecidos por la sociedad para calificarme como una persona con una excelente presentación personal). Llegué a una Oficina que parecía ser la más grande que conociera en mi vida, la gente pasaba una al lado de la otra, ni se saludaba, casi todos llevaban el ceño fruncido, casi todos con cara de preocupación, vestidos de color negro o de las diferentes tonalidades de gris, también de blanco. Me pregunta si para hacer parte de esa organización debía perderme a mi misma para convertirme en una mas de ese rebaño de personas sombrías. Y justo en ese momento, apareció mi ángel, la persona que me había citado para la entrevista. Era diferente de todos los demás, aunque vestía de negro, su corbata era roja. Sonreía. Una sonrisa realmente angelical. Me extendió su mano, me señaló el camino a seguir y ahí encontré color!! Bueno, en realidad era una habitación blanca. Realmente reflejaba la personalidad del habitante. Me dió un apretón de manos que aún hoy recuerdo y lo siento, fue muy fuerte, me gustó demasiado. Pude sentir la sinceridad de la persona que me lo brindaba. Me dijo que tomara asiento, me ofreció agüita, tintico, cafecito, pero de la emoción solo le recibí agua (aunque no tenía ganas de tomármela). La trajeron y allí inició la introducción, me contó que en este trabajo no se tiene un horario realmente definido. Hay que estar disponibles para movilizarse a donde lo llamen, pero cuando por fin se resuelve una invetigación o se decide dar por terminada esta, se tienen tres días para descansar, que las vacaciones eran de un mes!!! Hasta ese momento todo era fascinante, hasta que me dijo lo que debía investigar... Era la muerte de alguien... Al principio me emocionó la idea de ayudar a aclarar la muerte de un ser humano inocente, pero nunca pensé que lo conociera. En realidad, todos, de alguna manera lo hemos conocido. Se caracteriza porque llega a llenar nuestras vidas de alegría, nos cambia la manera de ver el mundo, nos enseña a descubrir cosas de nosotros mismos que nunca pensamos conocer, nos abre la mente para que nos atrevamos a hacer lo impensable y a lograr el sueño imposible. Pero cuando se va, y uno se entera de esa manera tan sorpresiva, nos llena la vida de dolor, de angustia, de preguntas que parecen no tener respuesta, deja tiradas en el piso a varias víctimas, mientras que en los titulares de los periódicos se lanzan nombres de sospechosos, posibles autores intelectuales o materiales y detalles absurdos de un complot que pobablemente nunca ha existido. Pero es más fácil pensar que alguien tiene la culpa. Al conocer el nombre de mi víctima agaché la cabeza y él me dijo... ¿Le pasa algo?... Ahí alcé la mirada y le dije, con voz entre cortada... Ese crimen está resuelto. En realidad, no es un crimen, es el resultado de uno de los tantos giros del destino... Es algo que todos debemos vivir... Es un muerto víctima de todos, unas veces lo matamos, otras intentamos revivirlo y a la final, siempre tendremos recuerdos encontrados porque el AMOR es el maravilloso amigo de todos, por el que estaríamos dispuestos a matar, y que siempre alguno de nosotros termina asesinando... Ahí acabó la entrevista, pero sé que pronto me volverán a llamar, así que ahora, ahora soy Detective.

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